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¿POR QUÉ NO ME QUIERO?


Aunque parezca paradójico hacerse esta pregunta es el primer paso para empezar a quererse.

¿Por qué no me quiero?, ¿eres tú una de esas personas que se ha dado cuenta de que hace o deja de hacer cosas que le dañan?, y te has preguntado ¿Por qué?

¿Qué me impide valorarme más? ¿Qué me hace convivir con esa parte de mí que me hace constantemente daño? La respuesta, aunque obvia, no deja de extrañarnos: APRENDIZAJE.

  • Los condicionamientos del pasado no necesariamente marcan el futuro.

Algunas personas habrán tenido un entorno hostil.  En ese ambiente es difícil adquirir confianza en sí mismo. Sólo puedes sobrevivir. Siempre recordándote lo que haces mal, cómo debes comportarte: “así no vas por buen camino”, “no sirves para nada”, “no tienes remedio”. A pesar del mucho tiempo que haya podido transcurrir, estas palabras pronunciadas por algún miembro significativo de tu entorno se fijan en tu memoria de tal modo que aunque luego pasen los años siguen ahí frescas, como el primer día. ¡¡Vaya memorión que tenemos para este tipo de cosas!! No importa que hayas sido una estudiante estupenda, no significa nada que seas una excelente persona, no importa que tus amigos te quieran, nada importa, ante cualquier pequeño error que cometes, ante cualquier contrariedad resuenan insistentemente, el pasado se hace presente y aquí está para recordarte que sigues siendo aquel niño/a al que hay que reprender “por su bien”.


Bien, pongamos las cosas en su sitio, eso no significa que tengamos que echar la culpa a nadie. Probablemente, muchas de las veces que esto ha ocurrido ha sido por el propio aprendizaje de nuestros mentores. ¿Sabían ellos hacer otra cosa?, ¿pensaban que era lo mejor para ti?, Ellos también son víctimas de su tiempo, de las normas, de la moral, prisioneros de su propia educación.


Dejemos la culpa que no nos lleva a ningún sitio. Si buscamos culpables, terminaremos encontrándolos pero ¿qué habrás solucionado. La culpa nos impide avanzar, no somos libres para ver con objetividad y cuando esa culpa esta dirigida hacia afuera, lo que nos crea es resentimiento, pero seguiremos ahí, sin solucionar lo importante. Nuestro objetivo ha de ser sentirnos dueños de nosotros mismos, sin que esas “voces del pasado”, sigan dirigiendo nuestras emociones, nuestras acciones, nuestras vidas. Aunque una persona haya tenido que sufrir los excesos y condicionamientos de otros en el pasado,  eso no quiere decir que tenga que seguir siendo así los próximos 30 años. Tú puedes cambiar eso, YA.


Empecemos a hablar en términos de responsabilidad, y la mayor, la primera y fundamental, es hacerte feliz.

  • La protección excesiva nos hace creernos débiles e incapaces.

Otras personas quizás, habrán tenido un ambiente radicalmente distinto. Habrán estado tan protegidas, “todo por tú bien, claro está”, que no habrán tenido la oportunidad de demostrarse lo mucho que valen. La protección excesiva es a todas luces perjudicial. El hombre está hecho para caer y levantarse y en este proceso aprender, pero ¿qué ocurre cuando este proceso se  bloquea?,  el niño está tan protegido que no puede aprender a valorarse, y poco a poco va minando la confianza en sí mismo, “yo no puedo sólo”, “me gustaría, pero yo no sirvo para eso”, “necesito a alguien para ser feliz”. Ese convencimiento de minusvalía emocional va instaurándose hasta que resulta muy difícil descubrir el valor que tenemos por el simple hecho de ser personas, algo inalterable, algo innato, algo que nada ni nadie te puede quitar, ni tan siquiera tú.

El exceso de protección corta las alas, te hace sentir indefenso, débil e incapaz de afrontar los problemas que tiene la vida, eso refuerza constantemente la sensación de que tú solo/a no puedes hacerle frente,  se hace necesario confiar en alguien “mas fuerte que tú”
Aunque es normal para todo ser humano tener un cierto grado de dependencia de los demás, no tenemos que llegar al extremo de que sean otros los que piensen y decidan por nosotros. Cuánto más se depende de los demás, menos posibilidad tenemos de ser uno mismo. Cuánto más se dejan las decisiones a los demás, menos oportunidad tenemos de aprender. Esta actitud hace que estemos a merced de ellos, y ¿qué ocurre con nosotros cuando “ellos” desaparecen de nuestra vida? No tener control sobre nuestra propia vida es una de las prioridades que tenemos que afrontar con valentía, porque te aseguro que TÚ PUEDES.
Me gustaría hacerte una pregunta: ¿Quieres?

  • Sin errores seguiríamos en las cavernas.

Otras muchas personas, ante cualquier pequeño error, se recriminan constantemente por haberse equivocado. ¡¡qué horror!! no debería haberme equivocado ¡¡soy un fracaso¡¡. Y ahí está la culpa otra vez, LA CULPA, acompañante fiel, siempre recordándonos que nos somos perfectos. ¡¡Qué terrible!!

¿Por qué te resulta tan insoportable un error?, ¿lo has pensado bien? ¿Qué ocurriría si el ser humano no cometiera errores?, pues algo muy sencillo y escalofriante, que seguiríamos en las cavernas.

El ser humano es hoy quien es gracias a esos “benditos errores”, -ensayo y error-. La humanidad no podría haber avanzado si no hubiera aprendido a equivocarse, nada de lo que conocemos existiría. ¿Por qué nos equivocamos?,  ¿somos tontos de remate?, NO. Nos equivocamos porque no somos perfectos, nadie lo es. Qué fácil resulta luego decir “tendría que haber hecho esto o aquello”  claro, a toro pasado es muy fácil, pero entonces no disponías de la información que tienes ahora, y nos olvidamos de lo realmente importante: que si nos fijamos bien estamos aprendiendo a tomar otros caminos, estamos aprendiendo a conocernos, estamos aprendiendo a conocer cuál es la vía que más nos conviene. La preocupación por el éxito acarrea el miedo al fracaso y a cometer errores. Empieza a ver esos errores como oportunidades, siempre, aún en las situaciones más difíciles,  las hay.
Abre los ojos, TÚ DECIDES.

Te voy a contar algo que a mí me resultó sorprendente y mágico: todo aquello que se aprende puede desaprenderse,  ahora es el momento de aprender nuevos comportamientos más adaptativos que nos hagan más felices. Esta es la magia, no dependemos del exterior para sentirnos bien (eso sería realmente terrible) somos nosotros mismos los que tenemos la llave para empezar a cambiar nuestra manera de ver la vida.
¿Te atreves a ser tú mismo?

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