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¿Para qué nos sirve la tristeza?

 

Muchas veces experimentar tristeza es útil.

Reconocer, o al menos, vislumbrar, aunque sea muy someramente que la tristeza pueda generarnos algún beneficio, es a priori, muy difícil de digerir.

¿Quién desearía en su sano juicio sentirse triste? Sin embargo la respuesta a esta cuestión no es tan sencilla como a simple vista pueda parecer.

Queramos o no, todas las emociones que sentimos cumplen una función. Lo complicado, es entender por qué actuamos como actuamos y a qué se debe cómo nos sentimos.

Sobre esta cuestión se alzan voces, no siempre acordes, de si deberíamos erradicar la tristeza o por el contrario dejar que aflore. A menudo para superar un proceso de duelo, cuyo uno de los síntomas principales es la tristeza, no sólo es desaconsejable suprimirla, sino que, en ocasiones, es saludable vivirla y aceptarla para resolverlo sanamente.

Es frecuente que amigos y familiares nos acompañen en nuestro dolor e intenten descargarnos de tareas cuando nos encontramos en ese estado emocional, pero hay que tener cuidado en poner límites a esas ayudas. Es fácil dejarse llevar y delegar responsabilidades, nos reconfortan las atenciones, los cuidados… el problema surge cuando comenzamos a abandonarnos y dejamos de asumir el control de nuestra propia existencia. En ocasiones la línea es sutil pues esos beneficios llamados “ganancias secundarias” que al principio son deseables, con el paso del tiempo pueden convertirse en uno de nuestros mayores problemas.

La felicidad incluye hacernos cargo de nuestra tristeza.

Vivimos en una sociedad contradictoria. De un lado la felicidad es un valor en alza, nos muestran cada día a gente triunfadora, gente guapa, como prototipo y sinónimo de triunfo, de felicidad, pero al mismo tiempo la realidad nos muestra un incremento de personas que padecen trastornos depresivos y de ansiedad. Es posible que tengamos que replantearnos qué entendemos por felicidad.

La felicidad no es la ausencia de problemas ni es necesario que tengamos todo aquello de deseamos para conseguirla. Uno de los elementos fundamentales de la felicidad, a mi humilde entender, se acerca más a la idea de saber aceptar los problemas cuando surgen, sabiendo que forman parte del juego, y con contar con herramientas saludables para manejar dichos momentos. Nos dejarnos arrastrar por la idea, del todo equivocada, de que para ser feliz se nos tiene que dar todo lo que deseamos, no nos tiene que ocurrir nada desagradable, de ahí la caída cuando se impone la VIDA con mayúsculas.

Imaginemos un gran bombo como los que utilizan en los sorteos. La vida de cada uno de nosotros es como uno de esos bombos. Existen muchas bolas blancas, acontecimientos alegres, buenos, pero también hay bolas negras. Lo que hay que tener claro es que algunas de esas bolas negras, sí o sí, nos va a terminar tocando. Pensar que a nosotros no nos va ocurrir, es cuanto menos infantil, por lo tanto sería inteligente prepararnos para afrontar las pequeñas o no tan pequeñas dificultades que nos pueda plantear la vida, quizá este sea uno de los pilares más importantes de la verdadera felicidad.

Aprendamos pues……

 



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